Auroras 

Ensayo Creativo - Rocío Casas Bulnes

Abril 2017

"La oscuridad era completa en los primeros tiempos sin tiempo. Alrededor del mundo, rastreando algunos inicios de la escritura, aparecen los relatos que lo cuentan..."  

Auroras

La oscuridad era completa en los primeros tiempos sin tiempo. Alrededor del mundo, rastreando algunos inicios de la escritura, aparecen los relatos que lo cuentan.  

 

En el comienzo todo era oscuridad y nuestra naturaleza humana puede comprender ese estado porque lo experimenta. La noche oscura del alma es un tiempo dentro de la vida humana donde se transita por un camino sin rumbo en las regiones más ocultas e inconscientes, donde todo parece ir mal y no se ve una salida. Aquello que se ha querido ocultar para olvidarlo aparece con toda su fuerza acumulada, así como nuevas imágenes y sensaciones desagradables a quienes solamente es posible transmutar enfrentándolas. Cada noche, cuando accedemos a los territorios del sueño, tenemos también acceso a esas zonas ocultas y puede ponerse a prueba lo anterior. El momento de lucidez en el sueño se puede leer como un estado particular dentro de la psicología humana similar a la aurora. Es un momento de conciencia dentro de la inconciencia, donde de pronto se tiene la certeza de estar dentro de un sueño. Hay que ser valiente para sostener esa lucidez y hacerse cargo de aquella situación que entonces se transforma en libertad absoluta. Mas el alma se alimenta también de oscuridad, como hizo con Juan de la Cruz quien dio nueva vida a este concepto en su poema. Él y otros buscadores espirituales, sobre todo desde el sufismo y el budismo, comunican oralmente y por escrito cómo han padecido los mismos síntomas en algún momento de sus vidas, llegando después al despertar como en un fulgor.  

El dios bíblico dijo que se haga la luz y en ese momento apareció toda la vida. Es a partir de entonces cuando éste creador podría comenzar a construir cosas, ya que antes la tiniebla impenetrable se lo impedía. Fue bajo los rayos solares que surgieron las montañas y los mares, peces y venados, árboles y el aire que respiramos, tierra germinada brotando alegremente. Pero qué sucedió un momento antes, en el espacio donde la luz aun no era completa y la noche se iba alejando con su manto de colores. El primer amanecer de todos los tiempos fue también la primera aurora, donde la vida de la tierra aún no se levantaba pero ya se movía, palpitando con fuerza.  

El dios Viracocha, creador del mundo inca, hizo todo el trabajo a oscuras. Comenzó tallando en piedra a una mujer y un hombre en los bordes del lago Tiahuanaco, quienes cobraron vida dentro de esa forzosa ceguera. Este dios postergó la creación de la luz un tiempo incalculable hasta quedar satisfecho con los seres humanos que estaba creando para que poblaran la tierra. Cuando esto sucedió por fin puso el Sol en el cielo junto a la Luna y todas las estrellas. Entonces comenzó la vida y la primera pareja de la creación tuvo a cargo los dos costados de los Andes respectivamente, dando nombres a las plantas y animales a su paso. El Manuscrito de Huarochirí relata que fueron los primeros hombres de estas zonas los que aprendieron a bailar como parte de los rituales para aplacar a un dios cuya ira era terrible. Bailaron una vez se hizo la luz pues antes, en la oscuridad completa, nada que los hiciera humanos había nacido en ellos.  

Hubo un tiempo originario en el mundo azteca cuando el Sol se detuvo y no salía. Cuentan los poemas del Códice Cuauhtitlán que así pasaron cuatro días pero el Sol seguía detenido en el cielo, mientras la tierra entera padecía temor bajo ese estado de las cosas. Mandaron los dioses un gavilán como mensajero. Desde su trono el Sol decretó su sed de sangre humana, de hijos, de prole sacrificada. Los dioses se congregaron para ver qué hacían. Tlahuizcalpantecuhtli, dios de la aurora, se adelantó amenazando con darle un flechazo, y el primer intento falló pero dejó un rastro de plumas de color solar. Luego, con una flecha de plumas color de fuego lo consiguió. Entonces, gracias a la llegada de la aurora y su gran puntería, se pusieron en marcha los nueve cielos, el Sol salió y el mundo se puso a girar.  

 

Hay danzas nocturnas, así como danzas que suceden de día, y en los territorios de la aurora se encuentran a unir sus pasos por unos instantes. Este juego de luz y oscuridad vemos en “Cold Storage”, film de danza de Thomas Freundlich (Finlandia). Dos hombres bailan en el interior de un refugio donde el calor se acumula, mientras tanto afuera la nieve los rodea y durante casi nueve minutos hay tiempo para que los diferentes niveles de realidad surjan ante el hallazgo de un alma afín. La oscuridad del sitio donde se encuentran es apenas resuelta con unos hilos de luz que entran por las ventanas pequeñas, creando así un estado que también recuerda al de la aurora y al de las plantas bajo tierra esperando estirar en cualquier momento sus brazos a la superficie.  

Aurora era antes Eos “La de sonrosados dedos”, así le llamó en un comienzo la Ilíada de Homero. Desde la Greca Arcaica, ella tenía su hogar en la línea curva que cubre la superficie del mar, y salía en la víspera de las mañanas abriendo las puertas del infierno para anunciar a su hermano Helios, el Sol. La vemos retratada con alas, avanzando tras dos pegasos que tiran una carroza desde donde ella vislumbra el infinito, imagen que se inmortalizó en un cántaro del siglo V. Era muy antigua, perteneciente a la era de los titanes. También es hermana de la Luna, y madre entre otros de Céfiro y Boreas. Con él, cuyo nombre significa en nuestro idioma norte, juegan a crear el fenómeno que hoy llamamos aurora boreal. También se encargan, quizás, de generar las auroras de Júpiter, Sarturno y Marte, puesto que se trata de un fenómeno no solo terrestre. 

 

El despertar de la conciencia es cuando la noche oscura del alma termina. Llega entonces la claridad absoluta. Se trata de una experiencia extrasensorial, muchas veces extracorpórea, desde donde las perspectivas son aéreas y todo emite su luz natural. Este momento es llamado también epifanía, que en griego significa manifestación. Se interpretan visiones y premoniciones que vienen desde otra dimensión, así lo comprenden los religiosos. Esto, tal como se describe desde la poesía, pasando por el misticismo hasta la psicología, se contiene entre otras cosas en la danza. Dionisio hace bailar a las ninfas y a los embriagados, generador de las bailes frenéticos y fiestas divinas. Es similar a Hathor quien como diosa egipcia representaba por igual a la danza, la dicha, la sexualidad, la música y los estados alterados. En un cuerpo esto se traduce también como el instante en que es poseído por la danza para crear movimientos puros, espontáneos, que en un estado cercano al trance trascienden los movimientos premeditados con que hemos sido educados los seres humanos en sociedad. Eso es la danza, finalmente. Un despertar de la conciencia corporal en su calidad artística. Pero si miramos al interior de lo que hubo de ocurrir antes en ese cuerpo, en esa conciencia, en ese baile, encontraríamos los resquicios de la oscuridad absoluta. Diluyéndose, la noche se va como un sueño. Los círculos infernales con que se relatan estos caminos llegan a lo más profundo y tocan fondo para que el caminante pueda despertar una vez más.  

 

Puede ser justamente por la búsqueda de luz y claridad que una manifestación artística nace. Cuando aún no estaba por completo instalado el concepto de cine de danza el Journal of Audience & Reception Studies notó ya en el 2010 una gran presencia de una ampliación de la danza en la pantalla. Ciertamente este arte no puede ser considerado como un solo género experimentado de manera única, y tal cosa lo refleja el creciente derroche de términos utilizados para describir la experiencia: video danza, danza en la pantalla, danza medial, cine danza, coreocinema, por nombrar unas cuantas. El problema de categorización que surge al juntar la danza y la pantalla y las nociones de hibridación que resultan deberían hacernos considerar si necesitamos replantearnos también las formas de ser espectador y de pensar las experiencias artísticas. 

Interesante es que esto disloca tanto al mercado del arte tanto como del pensamiento. Hace mucho que la danza como disciplina se ha visto apresada en un contexto bastante elitista, convirtiéndose en una de las menos accesibles manifestaciones artísticas tanto para practicarla profesionalmente como para consumirla. Lejos de la realidad, se volvieron inalcanzables las obras. Por su parte, los cuerpos que danzan profesionalmente deben competir en prototipos rigurosos creados, dentro de cánones físicos inalcanzables que se han hecho estándar. Todo esto contribuye a una necesidad de ampliar las miras, sacudirse de encima las construcciones oficiales que hacen del arte un mercado difícil de consumir. 

Si se están inventando tantos conceptos para nombrar los cruces entre disciplinas es en gran parte porque nos habíamos metido en una camisa de fuerza. Descartes abrió una puerta hacia la luz al presentarnos el método científico en su Discurso del método. El problema es que el ser humano se encargó de endiosarlo, cerrando así todas las antiguas puertas, poniendo bajo llave otros caminos que le mostraban respuestas de mundos fantásticos, inexplicables, sutiles, formas que piden un lenguaje poético para ser comprendidas a profundidad. Hoy la dominación del cartesianismo impide penetrar en esos mundos. Las palabras se agotan, los conceptos ruegan ser refrescados, y esto sucede porque el arte va más rápido que nuestro entendimiento. Pero algo verdadero es que las puertas están ahí, esperando siempre ser abiertas, muchas veces fuera de nuestra visión inmediata. La cámara comenzó siendo una puerta. Una inesperada posibilidad de entrar en espacios y presenciar la danza de otra manera. El soporte se transforma, la elasticidad de los materiales ilumina zonas inexploradas, los escenarios se multiplican. Es un lenguaje donde las formas en su variedad son posibles y significativas. 

 

Damos paso a la nueva versión de Bestias Danzantes desde la aurora, plantándonos en un fenómeno que está en constante movimiento, y que pertenece a la naturaleza así como al mundo interior. Despertamos como el monstruo de Frankenstein, como la Bella Durmiente, mas aun recordando los rasgos del sueño. Danzamos como lo hace la pareja de “Personal Pronouns”, el film de Jan Sevcik (Eslovaquia), entre sábanas blancas, árboles y campo verde, dentro y fuera de la casa donde por momentos se conoce la oscuridad que afuera no logramos percibir. Ella baila de blanco encarnando esta claridad. Ambos bailarines muestran muy bien que el tránsito de un estado a otro es posible. Este y los films de danza aquí citados fueron parte de las obras que conformaron la etapa anterior, y ahora aparecen para anunciar la llegada de algo nuevo. En el mundo entero y en todos los tiempos, pensamos dentro de sincronías inexplicables. Este es uno de los medios para convocar obras que mantienen a teóricos, espectadores, creadores y amantes del cine de danza con mucho trabajo entre manos. Junto a ellos convocamos a los dioses de la Aurora para que nos acompañen en esta ocasión. Es momento de traer a la luz aquella bestia nocturna, despertarla para que observe la mañana y se mueva con un baile que ningún lenguaje puede contener.