Ensayo creativo de Rocío Casas Bulnes 

Noviembre 2017

"...En el acto de morir traemos el pasado y el futuro al presente para consolidar por completo al otro. Es un proceso que ofrece un sentido de movimiento, o de vida, de esa persona que permanece después de haberse ido justo de la manera en que el cine de danza ofrece una afirmación del movimiento..."

La Antesala a Lo Desconocido

Los planetas son seres vivos, animales con movimiento y expresiones voluntarias. Así lo vio Giordano Bruno, el sabio del siglo XVI. En su mente el baile de los astros se comprendería como una conversación íntima que nosotros tan sólo podríamos imaginar, pero de la cual participamos casi siempre de forma inconsciente. La Tierra misma es una bestia danzante que tiene necesidades, temores, etapas, transformaciones, crisis y renacimientos como toda criatura viva. Pertenecemos al relato de su existencia. En estos momentos pareciera que transitara por un choque de fuerzas que la zarandean. La sensación de alarma es latente, así como la presencia de violentos temblores que van derrumbando los cimientos de la psique humana, obligándonos a encontrar nuevas formas de pensar y cohabitar nuestros espacios. 

El sentimiento apocalíptico, o la inminencia de fin de mundo, es una característica que el ser humano siempre ha tenido incrustada y está íntimamente en unión a los designios celestiales, al universo, al inframundo, a la vida después de la muerte y, en fin, a todo lo que va más allá de nuestra comprensión. Basta leer la literatura antigua para ver cómo tenemos muchas veces como especie la certeza de no estar haciendo las cosas bien, por lo que una destrucción total es consecuencia comprensible. En la imaginería medieval europea se creía que el juicio final llegaba en cualquier instante, no en un futuro indeterminado o en un evento que contempla más el mundo interior. Mañana mismo el cielo se podía abrir para hacernos pagar por nuestros pecados. El terror volvía a la gente mucho más devota, dada al sacrificio y a la flagelación. Esto ha sido, como sabemos, una estrategia política de control y sometimiento, mas el motivo por el cual funcionaba tan bien es porque tiene raíces mucho más profundas. 

Miramos alrededor y vemos las etapas por las que transcurre la existencia, mismas que se repiten una y otra vez como una letanía. Llega la primavera con sus promesas, donde todo es nuevo, los cuerpos maduran estirándose hasta tocar el Sol en el verano, van adquiriendo una sabiduría desnuda y sin adornos durante el otoño para descubrir su entidad más pura y descansar luego, retirarse a un sueño invernal que es una muerte reparadora para volver a nacer. Las eras multiplican también su diámetro. Así lo veían los aztecas, para quienes la vida en el planeta ha transcurrido por cinco tiempos distintos, llamados Soles. Cada uno terminó con un cataclismo para dar paso al siguiente, con otras formas de vida e incluso otros dioses. Cuando ellos escribieron tal cosa ya estábamos en el quinto Sol, nuestra era actual. Pero ¿qué ocurrirá al momento en que ésta se termine? 

No somos infinitos, y los signos nos lo recuerdan a cada rato. Sin embargo también sabemos que cada movimiento tiene repercusiones ilimitadas que exceden por mucho nuestras capacidades físicas. El hemisferio norte da bien cuenta de eso en nuestra contemporaneidad. El estado de guerra europeo, por ejemplo, coexiste con toda una historia de sometimiento, saqueo y esclavitud al resto del planeta llamado tercer mundo. Vemos claramente, dentro y fuera del cine de danza, cómo los hechos históricos no se dan en línea recta sino que tienen movimientos circulares donde fácilmente el presente puede encontrarse con el pasado y viceversa, para sacar cuentas. Se avanza y se retrocede, como si tuviéramos que aprender las mismas cosas de nuevo. Entonces los problemas de ayer son los nuestros.  

Mirando hacia la situación anterior nos encontramos con “Let´s talk about it” (Polonia), un trabajo en el que una mujer y un hombre bailan dentro de un contexto de oscuridad. Las voces en off femenina y masculina relatan a otro nivel lo que sus cuerpos van expresando. Se trata de una discusión donde dos posturas opuestas chocan sin cesar, teniendo como eje los problemas de racismo y terrorismo tan contingentes en muchos países. No hay una resolución clara mas el hecho de que el diálogo está abierto, en este caso por medio de una pieza de cine de danza. Existe una comunicación frente al horror y al despotismo para que todos seamos activamente partícipes de ella.  

Presenciamos las tensiones que traspasan a los cuerpos de géneros y razas en el film donde cuatro bailarines diferentes, en distintas locaciones, experimentan el mismo tipo de emoción desesperada. En esta cinta, “Violence” (Chile), puede además conocerse un ejemplo de la ágil evolución creativa en este país en cuanto al cine de danza, donde aun es una forma artística relativamente nueva pero que a estas alturas logra producir trabajos que dialogan a la par con el contexto global.  

Si bien no se trata de un protagonismo la mujer sí es uno de los elementos centrales dentro de este caos, en gran medida porque la violencia hacia ella ha sido uno de los grandes problemas de nuestra humanidad que aun no se resuelven salvo en casos privilegiados. En “Cold” (Alemania), por ejemplo, dos mujeres de diferentes edades, madre e hija, viven una situación donde pueden intuirse del abuso, el abandono o la inmensa soledad que lleva a una depresión. La hija ayuda a la madre a su manera, permaneciendo en su mundo de dibujo, tratando de animarla o realizando el acto simbólico de limpiar un objeto que se rompe. La madre trata de escapar de ella misma por medio del baile, aparentemente sin éxito.  

“Para el análisis moderno, el caos no es sino una denominación subsidiaria que simboliza la turbación del espíritu humano delante del misterio de la existencia. El caso precede la formación misma de lo inconsciente. Equivale a la protomateria, a lo indiferenciado, a lo informal, a la pasividad total a que aluden las tradiciones platónicas y pitagóricas” quienes lo consideraban el alma del mundo. Así lo explica Jean Chevalier al analizar el símbolo, luego de enlistar diferentes formas en que el ser humano se ha logrado explicar a sí mismo este fenómeno. Para el mundo celta el caos son los primeros habitantes de su tierra que eran criaturas negras y maléficas. Ellos habían vivido en esa tierra antes que el resto, es decir que eran realmente los oriundos. Algo similar sucede en la cosmogonía egipcia, donde el caos es como el océano que rodea la tierra  y simboliza la realidad sin ordenar rodeando la creación organizada. Sabemos también que la mitología bíblica habla de un caos primordial antes de la existencia de toda cosa. La luz fue lo primero que vino, y con ella la aurora, mas antes a ella tuvo que reinar la nada, incluso se habla allí del retorno al caos como destrucción y desolación. En cuanto al mundo interior humano el caos se trata más bien de un momento primigenio anterior incluso al inconsciente.  

Está la naturaleza quien nos observa, transformándose con nosotros a su propio ritmo. “Pine” (Ucrania) muestra un grupo, hombres y mujeres, danzando dentro de un entorno de bosque mientras se relacionan en pares. Hay encuentros y desencuentros siempre, dinámicas de poder donde puede experimentarse desde el sometimiento hasta el abrazo. Situaciones que, finalmente, pueden concluir en armonía. 

Vemos cualidades que emergen del cine de danza en su cruce de disciplinas. Kati Kallio lo ve como un “playground”, lugar donde se juega con mayor libertad. Esto debe suceder porque justamente las posibilidades se multiplican. Mayo Rodríguez señala cómo desde el cine de danza se entra a una emoción de forma mucho más inmediata que en el cine por sí mismo. Quizás esto es porque la danza exige otro tipo de comprensión que poco tiene que ver con las palabras y con el pensamiento narrativo. Si bien puede cruzarse con estas formas de expresión, su esencia la percibimos sintiendo más que pensando. Se comprueba tal situación cuando se la practica, pues más allá de la técnica su vitalidad se encuentra en el sentimiento y lo inmaterial de quien va aplicando los conocimientos para transformarlos en algo único.  

. La temporalidad del movimiento capturada es real en cualquier tipo de danza, ciertamente. Pero el cine de danza, a diferencia de la danza en vivo, sostiene al cuerpo en el tiempo, en vez de crear una imagen del cuerpo en un tiempo determinado para que nosotros podamos observarlo al estar presentes. En este sentido el cine de danza puede decirse que ofrece una estructura de consolidación, como la que ocurre en el tiempo de la muerte, porque captura un instante del tiempo en movimiento que puede continuar más allá de la muestra. Casualmente el nuevo número del Screendance Journal discurre sobre esto en la investigación de de Anna Macdonald “Going Nowhere: Screendance and the Time of Dying”.  

Mas hay un misterio que nos permite sobrevivir pese a la destrucción. Las palabras del Apocalipsis de San Juan lo explican bien: no borraré tu nombre del árbol de la vida. Esta sentencia supera el fin de todo. Cada inicio del mes de noviembre recordamos a nuestros muertos para mantenerlos con vida y entregarles felicidad trascendente. El nombre de quien muere se debe pronunciar según el El libro tibetano de los muertos, en voz alta, una y otra vez, mientras el espíritu de esa persona pasa las etapas de la vida en el más allá. Allí los dioses y las bestias bailan sobre la creación ordenada, deshaciéndolo todo, recordándole una vez más que lo que ve son sólo proyecciones de su mente. Todos debemos tarde o temprano desprendernos de ellas para integrarnos al baile eterno. Y renacer.